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Plenilunio - Antonio Muñoz Molina

   

A primera vista es una novela policíaca y a segunda vista también: hay un crimen, hay un inspector y hay un asesino. Pero a la vez  Plenilunio de Antonio Muñoz Molina, publicado en 1997, es totalmente diferente a los thrillers de Carmen Mola y otros que arrasan en las ventas actuales. Lo más diferenciador sin duda es el estilo de la novela: frases larguísimas que muchas veces se estrechan por media página y más. Pero sorprendentemente eso no hace en ningún momento que la novela se  vuelva aburrida.

Muñoz Molina presenta el desarrollo de la acción casi exclusivamente a través de los ojos de sus protagonistas en forma de monólogos interiores que ejercen una fuerza de atracción tremenda y atrapan al lector de forma inevitable. De manera que Plenilunio sí es un thriller auténtico, pero  genera su impacto de una forma mucho más sutil que Carmen Mola y colegas (que a veces parecen competir entre ellos por las ideas y descripciones más atroces y brutales).

Entonces, ¿qúe acción y qué protagonistas?

  • Fátima, una niña de nueve años es abusada y asesinada.
  • Un inspector, recién llegado a la ciudad desde el norte, marcado por la violencia de ETA, insomne, transita por las calles de la ciudad día y noche, obsesionado por la busca del asesino.
  • El asesino, un joven totalmente dominado por un resentimiento ciego y por un complejo de inferioridad profundo: sentimientos que afectan a todas las facetas de su ser.
  • Susana, la maestra de Fátima, por cuyos ojos nos llega un retrato muy tierno de la víctima, y que, acercándose al inspector, consigue abrir la personalidad hermética y cerrada de este.

Hay más protagonistas secundarios y como toda la realidad de la novela nos es presentada exclusivamente por sus miradas individuales, todo lo que cuenta la novela está matizado fuertemente por la percepción y la historia personal de los protagonistas. Lo que hace de esta novela un thriller en el cual no domina la acción sino la psicología. Dos ejemplos:

Lo “emocionante” de esta novela no es la acción. Lo “emocionante” son las emociones que impulsan esa acción. Lo advertimos en los pasajes del texto en que seguimos el flujo de conciencia del asesino dándonos cuenta de una manera muy inmediata de sus prejuicios, su ira, su resentimiento y de su mezquindad. Siguiendo los pensamientos de este joven acomplejado entendemos con una angustia creciente que este personaje es una verdadera bomba de relojería a punto de estallar.

Otro monólogo interior nos acerca a la personalidad de Susana, la maestra de Fátima. Susana indaga en su relación fracasada con su exmarido, quien, según ella, reúne la peor combinación posible de características: es “atormentado” (por todos los males del mundo) y “comprometido” (para solucionar esos males) pero no tiene ni tiempo ni empatía para hacer que su propio matrimonio prospere. En un primer momento este retrato de un progresista arrogante e inconsciente parece un elemento incongruente en el texto, pero explica por qué Susana se siente atraída por el inspector, un hombre muy sincero. A mí personalmente me gusta mucho este pasaje porque me hace acordar de cierto tipo de chovinismo que era muy frecuente entre los hombres progre de la generación del 68: aquí el texto casi parece un pequeño manifiesto feminista muy logrado.

Así que resulta que la novela efectivamente es una novela policíaca, pero es mucho más que eso. Al asumir las perspectivas de sus protagonistas, la novela indaga profundamente en la psicología y la vida interior de las personas y de esa manera involucra mucho más al lector que una novela convencional del género. La lectura hace que nosotros mismos sintamos las emociones de los protagonistas como propias: la ternura, la desesperación, el miedo, la indignación. Y de la misma forma el texto logra que también sintamos la repugnancia y el asco hacia el asesino como algo fuertemente personal. Estamos muy cerca de los protagonistas, para bien o para mal, y puede que hasta nos reconozcamos a veces en ellos. En resumen: una lectura profunda e intensa.